La elección correcta, 16 de marzo
Por la fe Moisés, hecho ya
grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser
maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del
pecado. Hebreos 11:24, 25. CV 81.1
Moisés recibió en las escuelas
de Egipto la más elevada educación civil y militar. Dotado de grandes
atractivos personales, de formas y estatura nobles, de mente cultivada y porte
principesco, y renombrado como jefe militar, llegó a ser el orgullo de la nación.—La Educación, 58. CV 81.2
De conformidad con las leyes de
Egipto, todos los que ocupaban el trono de los Faraones debían llegar a ser
miembros de la casta sacerdotal; y Moisés, como presunto heredero, debía ser
iniciado en los misterios de la religión nacional... Pero aunque era celoso e
incansable estudiante, no pudieron inducirle a la adoración de los dioses. Fue
amenazado con la pérdida de la corona, y se le advirtió que sería desheredado
por la princesa si insistía en su apego a la fe hebrea. Pero permaneció
inconmovible en su determinación de no rendir homenaje a otro Dios que el
Hacedor del cielo y de la tierra... CV 81.3
Moisés estaba capacitado para
destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino
más glorioso, y para empuñar el centro de su poder. Su grandeza intelectual lo
distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como
historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance,
tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza
y fama... CV 81.4
Moisés había sido instruido
tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de
Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia
insignificancia. El magnífico palacio de Faraón y el trono del monarca fueron
ofrecidos a Moisés para seducirle; pero él sabía que los placeres pecaminosos
que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales.
Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los
altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no
tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del
cielo colocará en la frente del vencedor. Historia de los Patriarcas y Profetas, 251, 252.* CV 81.5
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